En 2016 estaba trabajando como sesionista con una banda.
Era la primera vez que, además de tocar la guitarra, también me ocupaba de la dirección musical del proyecto.
Estaba muy entusiasmado.
Y bastante nervioso por la responsabilidad.
Fuimos a grabar una sesión en el estudio CamaronBrujo Música.
Después de una toma, Naku, el ingeniero del estudio, a quien admiro muchísimo y con quien tuve la suerte de trabajar muchas veces, me llamó al control.
Me dijo:
«Mati, escuchá esto. Hay algo que suena raro, desafinado. Si querés lo pinchamos, no hay problema.»
Escuché.
Y tenía razón.
Había una parte donde la guitarra hacía algo claramente disonante.
Durante unos segundos dudé.
Pensé:
«Este tipo escucha bandas y grabaciones todos los días. Debe tener razón.»
Pero enseguida me acordé de otra cosa.
Ese arreglo no había aparecido por accidente.
Lo habíamos trabajado así durante los ensayos.
Había hecho una preproducción en casa.
Y siempre nos había sonado bien.
Además, justo en ese momento la letra se volvía especialmente dramática.
Esa disonancia estaba ahí por una razón.
Entonces le dije:
«Es así. Es disonante, pero es así.»
Y dejamos la toma como estaba.
Escuchar a gente con más experiencia es una de las mejores maneras de crecer.
Pero también llega un momento en el que uno tiene que hacerse cargo de sus propias decisiones.
Porque una cosa es corregir un error.
Y otra muy distinta es corregir una decisión artística.
Abrazo,
Matias
Estas ideas también las comparto por mail en “Notas sobre guitarra”.
