Algunos de mis alumnos tocan mejor que yo.
Y está bien que así sea.
Muchas veces se cree que un profesor tiene que saber tocar todo:
todos los estilos
todas las técnicas
todas las canciones
Pero no funciona así.
Cada músico tiene sus fortalezas y sus debilidades.
Y el trabajo de un profesor no es impresionarte.
Es ayudarte a mejorar.
Tus amigos, tu familia o tu pareja probablemente van a celebrar casi todo lo que hagas.
Un profesor no.
Un profesor te escucha de verdad y te dice:
“esto está buenísimo”
o
“acá todavía hay algo para trabajar.”
Y aunque a veces incomode un poco, ahí suele aparecer el crecimiento real.
Porque alguien finalmente te está ayudando a:
– ver cosas que no estabas viendo
– mejorar lo que más cuesta
– y potenciar lo que ya te sale naturalmente
Abrazo,
Matias
Estas ideas también las comparto por mail en “Notas sobre guitarra”.
