Hace tiempo que vengo notando algo.
Cuando trabajo en una canción propia puedo pasar semanas, o incluso meses, dándole vueltas a un solo de guitarra.
Grabo una versión.
La escucho.
La dejo descansar.
La vuelvo a grabar.
Cambio una frase.
Cambio otra.
Y el trabajo parece no terminar nunca.
En cambio, cuando trabajo para otra persona ocurre algo distinto.
A veces recibo un encargo y tengo que entregar la grabación al día siguiente.
No hay demasiado tiempo para dudar.
Hay que tomar decisiones y avanzar.
Y cuando vuelvo a escuchar esos trabajos después de un tiempo, muchas veces sigo estando conforme con el resultado.
Creo que los músicos solemos pensar que más tiempo siempre produce mejores resultados.
Pero no estoy tan seguro.
A veces el plazo funciona como una limitación más.
Y eso nos obliga a tomar decisiones.
A avanzar.
Lo mismo pasa cuando estudiamos.
Si no hay un objetivo concreto, es fácil sentir que siempre falta algo.
Que todavía no estamos listos.
Que todavía no sabemos suficiente.
En cambio, cuando alguien te dice:
«Para la próxima clase trabajá esto.»
Aparece una dirección.
Y de repente avanzamos.
Abrazo,
Matias
Estas ideas también las comparto por mail en “Notas sobre guitarra”.
