Haciendo los documentales, me encontré con algo que se repite.
Cerati componía la música entera antes de escribir una sola palabra.
Mollo y Arnedo trabajan igual: primero la música, completa.
La letra llega después, al final.
Cuando grabé mi segundo disco, me pasó lo mismo (el primero fue de guitarra instrumental).
Tenía toda la música terminada, arreglos, estructura, todo listo, y no me salía una sola letra.
Nada.
Me sentaba con la guitarra y la canción ya estaba ahí, completa, esperando palabras que no aparecían.
Terminé anotándome en un taller de escritura.
No de música, de escritura narrativa.
Necesitaba soltar la mano de otra forma, entrenar algo que la guitarra no me había enseñado.
Y ahí entendí algo que después reconocí en Cerati, en Mollo, en Arnedo:
escribir una letra no es que «baje la inspiración» en el momento justo.
Es un oficio aparte.
Uno que a veces hay que entrenar por fuera de la música, aunque toda tu vida hayas vivido adentro de ella.
Abrazo,
Matias
Estas ideas también las comparto por mail en “Notas sobre guitarra”.
