Hace unos años estaba pasando por una de esas épocas de poca actividad.
Tenía poco trabajo como sesionista y tampoco estaba haciendo nada propio.
Un amigo me escribe y me dice:
“Estoy armando un proyecto de pop latino y me falta un guitarrista. ¿Te prendés?”
Yo pensé:
Uff… pop latino. Nada que ver conmigo eso.
Pero bueno. Dadas las circunstancias y por la amistad, me sumé.
Ensayamos algunas veces.
La pasábamos genial.
La banda sonaba bárbaro.
Pero había un problema: yo no me identificaba para nada con el estilo.
Y ahí medio que me asusté.
Pensé:
“¿Y si el proyecto empieza a funcionar? ¿Me veo haciendo esto en serio?”
“Si deja de ser un juego y se convierte en algo serio, ¿realmente quiero estar ahí?”
Me bajé.
Mi amigo se enojó un poco al principio.
Después entendió.
Incluso seguí ayudando con algunos demos y todavía nos juntamos a zapar de vez en cuando.
Creo que cuando uno va a ser parte de un grupo tiene que estar convencido y tirar para adelante.
Porque cuando uno asume un compromiso y lo lleva a medias, termina jugando en contra del proyecto.
No hace falta que todo te encante, pero sí que estés dispuesto a bancarlo de verdad.
A veces decir que no antes es mucho más honesto que decir que sí y después terminar boicoteando algo que podría funcionar.
Abrazo,
Matias
Estas ideas también las comparto por mail en “Notas sobre guitarra”.
