Tengo un alumno de bajo, brasileño (las clases son en portugués), que empezó desde cero conmigo hace tres años.
Hoy toca muy bien. Practica mucho y se nota.
Estábamos trabajando Too Young to Die, de Jamiroquai. Es una canción bastante desafiante, tanto por la técnica como por la armonía.
Llegó a clase y me dijo:
—La terminé.
—¡Genial! Quiero escucharla.
Empezó a tocar. Las notas, el groove, las octavas, los arpegios, hasta el slap. Todo en su lugar.
Cuando terminó, le dije:
—Te felicito, está genial. Solamente te voy a comentar un detalle. A cereja do bolo.
En algunas notas largas quedaría muy bien que metieras vibrato.
Casi antes de que terminara la frase, me dijo:
—Ah, sí… me olvidé de eso.
Repasó rápidamente la base, encontró los momentos en los que podía agregarlo y volvió a tocar. Esta vez, con vibrato incluido.
—¡Ahora sí! ¡Perfecto!
Le dije que la guardara en el repertorio para seguir entrenándola, pero que ya podíamos pasar a otra cosa. La canción estaba lista.
Muchas veces, mi trabajo consiste en escuchar con mucha atención y encontrar qué se puede mejorar.
A veces son cuestiones importantes, otras, pequeños detalles.
Y otras veces, también es decir: “Eso ya está perfecto. Pasemos a otra cosa“.
Porque no siempre hace falta seguir corrigiendo.
Abrazo,
Matias
Estas ideas también las comparto por mail en “Notas sobre guitarra”.

